La fertilización in vitro es también conocida por la sigla FIV o, más popularmente, "bebé de probeta". Realizada con éxito por primera vez en 1978, ya colaboró para el nacimiento de más de tres millones de bebés en todo el mundo. Consiste en la fecundación (encuentro del espermatozoide con el óvulo) en laboratorio, de ahí el origen de la denominación "in vitro".

Realizada con éxito por primera vez en 1978, en Inglaterra, la fertilización in vitro (FIV o "bebé de probeta") se realiza en clínicas de reproducción humana y hospitales de todo el mundo desde entonces. Se estima que en los últimos 30 años más de tres millones de niños hayan nacido con apoyo de esta técnica. El tratamiento está compuesto de varias etapas: Inicialmente, la mujer hace uso de hormonas, denominadas "gonadotrofinas". Estas mediciones buscan el crecimiento y la maduración de una cantidad mayor de óvulos de lo que la se obtiene en un ciclo natural. En el ciclo espontáneo, la mujer libera habitualmente solamente 1 óvulo. Esta etapa del tratamiento dura, en promedio, 7 a 14 días.

La fecundación se realiza por embriologías en laboratorio, en el mismo día de la recolección de los gametos (óvulos y espermatozoides). Justamente por el hecho del encuentro del espermatozoide con el óvulo ocurre fuera del cuerpo humano, la técnica se llama de "in vitro".

En los días subsecuentes, se sigue la evaluación del desarrollo embrionario. Dos a cinco días después de la fertilización, se hace la colocación del embrión (o de los embriones) en el útero de la mujer, etapa denominada "transferencia embrionaria". El número de embriones colocados es variable de caso por caso. Usualmente se ubican de 1 a 4 embriones. En los casos en que se colocan más de 1, se verifica aumento en la oportunidad de concebir, elevándose también la posibilidad de gestación gemela.

Vea las etapas del proceso

La prueba de embarazo (dosificación sanguínea de la hormona beta-hCG) se hace de 11 a 14 días después la transferencia. Las chances de que una pareja conciba dependen de varios factores. Dentro de estas, se destacan la edad de la mujer, la calidad de los embriones obtenidos, a causa de la infertilidad, etc.

Investigaciones que acompañaron el desarrollo de niños nacidas por fertilización in-vitro verificaron un riesgo de que acontezcan alteraciones (malformaciones) similar al de la población en general (1 a 3%).